IRLANDIA
 

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IRLANDA

Irlanda Isla de Europa noroccidental, en el archipiélago británico; 84.420 km2, 5.098.000 hab. La isla de Irlanda (en gaélico Éire), se extiende entre el océano Atlántico, al O, y el mar de Irlanda, al E, que junto con los canales del Norte (NE) y de San Jorge (SE), la separan de la isla de Gran Bretaña. La isla está dividida entre Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido, y la República de Irlanda.

GEOGR. El relieve irlandés presenta dos grandes conjuntos orográficos bien diferenciados. Por un lado, una depresión central en la que se aprecia un paisaje de colinas rocosas redondeadas (drumlins ), y colinas alargadas de arena y grava (eskers). Por otro lado, la periferia montañosa que rodea dicha depresión: al N, E y O, se elevan macizos caledonianos (Connemara, Mayo, Ox, Donegal, Sperrin y Wicklow), que son una prolongación de los escoceses, con zonas basálticas en el NE (meseta de Antrim); por el S, un macizo herciniano en el que se hallan las mayores alturas de la isla (Carrantuohill, 1.041 m de alt.). Irlanda está salpicada por numerosos lagos (Neagh, 388 km2; Ree, Derg, etc.), de los que son tributarios gran parte de los ríos de la isla. El Shannon, que desemboca en el mar de Irlanda, es el más largo de ellos (368 km). El clima irlandés presenta los rasgos característicos de los climas oceánicos. La isla está expuesta a los vientos del O, a las borrascas del Atlántico y a la corriente cálida del Golfo. Se observan algunas diferencias entre el O, menos frío y más lluvioso, y el centro-E, con mayores oscilaciones térmicas y menos precipitaciones. La población irlandesa alcanzó su máximo histórico en 1841, con 8,2 millones de hab. Desde entonces, tras la terrible hambruna de 1846-1848, la crisis económica, y la salida de su población hacia Europa y América (más de 10 millones de emigrantes entre 1780 y 1980), Irlanda no ha vuelto a recuperar su potencial demográfico, a pesar de haber contado con uno de los índices de crecimiento más altos del continente europeo (0,9 % anual entre 1985- 1987) que, sin embargo, en los últimos años ha descendido hasta cotas bajísimas: -0,1 entre 1987 y 1992.

HIST. Por su situación geográfica, Irlanda presenta una prehistoria paralela a la de Inglaterra. No se diferenciará hasta el s. IV a.J.C., al producirse las invasiones celtas. Los celtas de Irlanda, gaëls, se organizaron en un centenar de reinos, cada uno de los cuales tenía al frente a un rey. El cristianismo hizo acto de presencia bajo el patrocinio romano. La recíproca influencia de la civilización celta y el cristianismo produjo en Irlanda un desarrollo cultural extraordinario durante los ss. VI-VII, que se manifestó en innumerables edificaciones monásticas que no sólo concentraron el saber de la época, sino que también fueron focos evangelizadores. En 830 los noruegos lanzaron su gran ofensiva contra Irlanda: durante casi dos siglos asolaron la isla y crearon en ella reinos, de los que los dos más importantes fueron los de Limerick y Dublín. El inicio de la presencia inglesa en Irlanda estuvo marcada por la invasión de Enrique II (1171), que implantó el feudalismo en la isla y que no manifestó ninguna consideración hacia la población indígena. La debilidad de la monarquía inglesa durante el s. XIV permitió a los irlandeses recuperar su autonomía y ofrecer la corona a Roberto Bruce, rey de Escocia, pero el proyecto no cristalizó. Las tensiones entre Inglaterra e Irlanda se incrementaron tras la reforma religiosa de Enrique VIII: los irlandeses defendían su fe católica contra una Inglaterra cada vez más protestante. Isabel I se vio obligada a sofocar las insurrecciones de Munster (1569-1573 y 1579-1583) y del Ulster (1594-1603). Los propietarios ingleses, que se habían asentado en Irlanda por el sistema de plantation, querían impedir que la cercana isla sirviese de base a los enemigos de la corona inglesa, primero españoles y después franceses. La opresión también tuvo un componente económico, puesto que Irlanda, al tener un estatuto sólo colonial, no podía hacer la competencia a Gran Bretaña, y además se tomaron medidas para limitar las importaciones británicas de ganado y productos textiles irlandeses. En 1800 se firmó el Acta de Unión. Desde entonces Irlanda formó parte del Reino Unido y enviaba al Parlamento británico a algunos diputados. A pesar de los éxitos conseguidos por este grupo parlamentario que, capitaneado por O'Connell, consiguió acabar con la segregación religiosa en virtud del Acta de Emancipación de los católicos (1829), el pueblo irlandés seguía soportando las consecuencias de una política vejatoria. Por ello, durante la segunda mitad del s. XIX la idea de la independencia fue tomando cuerpo en organizaciones políticas de muy diversas tendencias. Una mayoría de irlandeses (con Parnell) reclamaba la autonomía (Home rule) y algunos, organizados en sociedades secretas (Sinn Féin), exigían incluso la independencia total. Pero contra la masa católica y gaélica de los nacionalistas, la minoría protestante, fuertemente agrupada en el Ulster, se oponía violentamente a las reformas políticas y logró aplazar la votación de la Home rule hasta mayo de 1914. Los nacionalistas intentaron utilizar la crisis mundial, pero la rebelión de la Pascua de 1916 fue aplastada y la mayoría de los jefes del movimiento nacionalista fueron ejecutados. Las elecciones de 1918 supusieron el triunfo para el movimiento nacionalista Sinn Féin, que organizó un parlamento independiente (Dáil ) y un ejército (IRA). Finalmente, en 1921, tras varios años de actividad del ejército revolucionario irlandés, Gran Bretaña accedió a la independencia de la República de Irlanda, quedando la isla dividida entre este Estado y el territorio del Ulster, que siguió formando parte del Reino Unido.